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Mostrando las entradas con la etiqueta sicología

El cuerpo, sabio vehículo del alma

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  Un descanso al cuerpo ofrece un descanso al alma           A veces el alma se nos pierde un poco entre tanta cosa: Los asuntos del día a día, los proyectos que tenemos en mente, la dieta del momento, las relaciones que ocupan nuestro corazón y pensamiento, los libros que queremos leer y ese pendiente en casa que no hemos podido arreglar.  No nos damos cuenta que vamos cargando el costalito hasta que un buen día ¡pum!, el cuerpo, que es el sabio vehículo de nuestra alma, truena. Tal cual, como al Uber que nos lleva a algún lado, se le descompone algo y entonces hay que hacerle caso.             Cuando el cuerpo se descompone nos alarmamos y corremos al médico a que nos dé la pastilla, inyección o ungüento milagroso que nos sane (ungüento, qué linda y viejita palabra). Pero difícilmente nos ponemos a pensar qué fue lo que nos descompuso. Se nos olvida todo lo que traemos cargando y preferimos pensar que fue ...

Balance y equilibrio

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           Hace unos meses una mujer, de lenguaje directo y claro, me dio una terapia holística, de esas que te curan el cuerpo, pero también indagan en el alma. Fui porque estaba saliendo de un herpes zóster, que en resumen es una vieja varicela que puede presentarse en adultos por varias causas: una de ellas, estrés. Ella me preguntó qué significaba estar en balance para mi. Me pidió escribirlo y más o menos, estas fueron mis notas:  ¿Qué significa balance para mí?           Balance significa sentirme cómoda con el tiempo, con lo que visto, con cómo me veo, con mi salud, con mi forma de hablar y lo que digo, con las personas que me rodean, con mi relación con el dinero. Balance quiere decir dormir sin tensión en las muelas, sin frío, totalmente estirada sobre la cama. Representa no tener que decidir irme con melón o con sandía sin herir a nadie. Significa no tener ganas de esconderme  ni tener pensamientos nega...

Lo perdido y lo encontrado

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          Muchas cosas pasan en la cuarentena, que más bien ya es una cosa como de 80 días. Antes, la referencia que usaba para decir que las cosas duraban muchísimo era la Cuaresma; cuando era chica, se me hacía que pasaban años y que por semanas hacíamos vigilia los viernes. Ahora mi referencia será la cuarentena de COVID-19 que al menos lleva 8 semanas (si tomamos la referencia del 17 de marzo). En todo este lapso, que parece que el tiempo se detuvo, han ocurrido miles de asuntos personales. No voy a irme a los muy personales, pero será bueno que cada quien haga su lista de lo perdido y lo encontrado en esta ochentena, como le voy a llamar “cálidamente”. Voy a centrarme en lo hallado: En mi lista hay libros regalados que había almacenado en el librero, sin leer. Algunos ya se están formando en la fila del buró. Hay recetas que no había hecho nunca y es una delicia autosorpdenderte con un experimento culinario. Hay ropa de casa que no uso porque no so...

Errores de dedo

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     En la sala de espera del quiropráctico revisaba hoy los whatsapps como hacemos todos. Un celular, previamente desinfectado y cubrebocas en la cara fueron testigos de mi expresión de horror cuando vi que ayer, sin querer, compartí una imagen promocional de este blog con el grupo de los compañeros de la primaria-secundaria-prepa: un grupo de personas con el que no me he visto por lo menos en los últimos 15 años (cuando me atreví a ir a la última reunión) y con quienes apenas hace una semana reconecté.        En el chat hay nada menos que 135 personas. De pronto empecé a ver mensajes de felicitaciones por mi blog, etc. La cara se me puso caliente de vergüenza y no supe cómo borrar las fotos que había mandado. El celular solo me daba la opción de “borrar para mí”. ¡Changos marangos!, pensé. Ya balconeé mi vida con este grupo de personas que –literal—a medias me conocen. ¡Chispas y más chispas!        Y, pues, ya que estamos en la d...