La actitud del trapo
En esta época de confinamiento donde estamos encerradas, aferradas a la escoba y el trapeador, como la mismísima muñeca fea, no quiero hablar de mi relación tormentosa con la jerga –que sí la tengo—ni con el cloro ni con el ajax. Quiero hablar de la importancia que tiene para mí bañarme todos los días antes de las 2:00 de la tarde (porque a veces la mañana se alarga en juntas, ejercicio y otros trajines) y darme tiempo para arreglarme. En estos días no, no me súper arreglo la pestaña ni me pongo mi mejor ropa para salir, pero siempre procuro vestirme, peinarme, colgarme aretes y ponerme base en la cara. ¿Para qué? Para que cada que vaya al baño o me atraviese en un espejo, me sienta viva, revitalizada y me den ganas de sonreírme. ¿Por qué no los pants? Porque no estamos enfermas ni haciendo la limpieza ni es el día después de Navidad. Es un día ordinario y si empezamos a usar pants todos los días vamos a ...